¿Qué podemos
hacer desde la familia para prevenir el trabajo infantil y las peores formas de
explotación de los niños, niñas y adolescentes? –Ley 1361 de 2009-
*Hacer los mayores esfuerzos para garantizar que los niños, niñas y
adolescentes cursen la básica primaria y el bachillerato.
*Exigir una escuela y un colegio donde traten a los estudiantes con amor,
empatía y respeto. –Denunciar todo tipo de atropello y abuso de autoridad
contra los niños, niñas, adolescentes y sus familias.
*Orientar vocacionalmente a los niños, niñas y adolescentes acerca de lo
que quieren ser en la vida – qué quieren seguir estudiando o qué quieren seguir
haciendo en la vida adulta. –Construir con la colaboración de todos unos
proyectos de vida familiar.
*Hacer los mayores esfuerzos para que los niños y niñas crezcan y se
desarrollen al lado de su papá, mamá y hermanos hasta cumplir la mayoría de
edad. –Las separaciones o divorcios siempre terminan haciendo daño sobre todo en los ciclos vitalesde la primera infancia y la infancia.
*Planear y planificar la familia, acordar el número de hijos que
conviene tener, de acuerdo a las capacidades económicas de cada familia.
*No culpar a los niños y a las niñas de los errores y fracasos de los
padres o hermanos mayores.
*Tomar conciencia que la responsabilidad y obligación de la manutención
de un hogar no es de los niños y las niñas, que es una obligación y
responsabilidad de las y los adultos.
*No actuar con doble moral cuando las familias reciben los subsidios que
brinda el Estado a los niños y niñas y adolescentes, no invirtiéndolos en la
satisfacción de sus principales necesidades.
*Interesarse
más por el control social y político del gasto público y, prevenir el
detrimento patrimonial de los impuestos que pagan los ciudadanos y que tienen
que estar destinados a la inversión social.
-Compartimos el vídeo titulado "Trabajar para poder comer", de Miguel Ángel Velasco Serrano, donde el paranorama situaciónal en el Perú es muy similar al de los niños, niñas, adolescentes y familias Colombianas-
Con mayor recurrencia
es en las escuelas y colegios donde supuestamente se “detectan” a los niños,
niñas y adolescentes que sufren este trastorno. Una práctica de la que somos
corresponsables, la familia, el sistema educativo, el sistema médico y la clase
política. ¡Todos somos cómplices de los abusos y atropellos contra la
integridad y la salud de los niños, niñas y adolescentes! No hay duda de que
los niños, niñas y adolescentes están sufriendo las consecuencias de una enorme
crisis social, económica, política y de valores. No hay que negar que haya
problemas en la formación de los niños, niñas y adolescentes. Si éstos reflejan
en sus comportamientos una interacción conflictiva en el entorno social, familiar y escolar, no se
deben tapar los síntomas utilizando drogas, al contrario, se les debe atender
para ayudarles a lograr un desarrollo más equilibrado. Es urgente que los padres y madres de familia
conozcan toda la información, las distintas opiniones que hay al respecto de
este trastorno, su tratamiento y los intereses económicos y políticos que hay
en juego. Los derechos de los niños, niñas y adolescentes tienen que ser
salvaguardados frente a los atentados contra su salud presente y futura.
"No se diagnostica lo que no se sabe...lo que no existe"